Durante las últimas semanas, el PRM ha estado en el ojo público por casos que relacionan a ciertas personas con el narcotráfico en República Dominicana. Algunos medios y opositores intentan aprovechar la situación para atacar al gobierno. Pero si miramos más allá de los titulares, hay algo que marca la diferencia: por primera vez, un gobierno permite que la justicia actúe sin importar quién caiga.
El presidente Luis Abinader ha sido firme. Lo ha repetido con claridad: “Caiga quien caiga.”
Y esa no es solo una frase política; es una decisión de Estado.
Antes, cuando surgían casos de corrupción o narcotráfico, todo terminaba en silencio.
Los culpables se protegían entre sí.
La impunidad era la regla.
Hoy, el país vive algo distinto: un gobierno que no encubre a nadie, ni siquiera a los que están cerca.
Y eso, aunque parezca contradictorio, es una señal de fortaleza, no de debilidad.
Porque solo un partido con principios firmes se atreve a dejar que la justicia haga su trabajo, aunque duela, aunque cueste votos.
Muchos critican al PRM, pero pocos reconocen el cambio que se ha producido.
En gobiernos anteriores, los escándalos se enterraban.
Hoy, los vemos salir a la luz, investigarse, y llegar a los tribunales.
Eso no es un retroceso: es el precio de tener un gobierno transparente.
Luis Abinader no prometió un país sin corrupción.
Prometió que quien la haga, la pagará.
Y lo está cumpliendo.
Por eso, en vez de señalar al PRM, la ciudadanía debería sentirse orgullosa de vivir en una República Dominicana donde la ley no se detiene ante nadie.
El PRM demuestra con hechos que tiene amigos, no cómplices.
