Gabrie Sosa- Evangelina Sosa- Hipolito Mejia

El joven tímido que terminó al lado de Hipólito Mejía

¿Qué pasaría si te dijera que un día puedes estar en el lugar que hoy solo te atreves a mirar desde lejos?

Durante mucho tiempo, fui ese joven que prefería quedarse callado. No por falta de ideas o de interés, sino por miedo. Miedo a equivocarme, miedo a no encajar, miedo a no ser tomado en cuenta.

Me costaba levantar la mano, dar mi opinión o hacer una pregunta. En los espacios políticos, ese miedo se multiplicaba. Veía cómo otros se lanzaban, hablaban con seguridad, tomaban decisiones… mientras yo me quedaba detrás, casi invisible.

El día en que todo comenzó a cambiar

Recuerdo una actividad en el local del PRM en Bonao cuando aún éramos PRD. Como de costumbre, llegué temprano, y me senté en la última fila. Desde allí observaba el movimiento, la energía de los dirigentes, y en especial, a una figura que admiraba profundamente: mi tía Evangelina, sentada en la mesa principal.

La miraba con respeto y, en silencio, me hice una promesa: “Un día, yo quiero estar ahí”.

No tenía un plan claro, ni las conexiones, ni siquiera mucha experiencia. Pero sí tenía algo que no se ve a simple vista: determinación.

De soñador tímido a coordinador juvenil

Comencé a moverme. Me involucré. Armé un equipo de jóvenes. Estábamos en plena campaña interna y nuestro líder era el expresidente Hipólito Mejía. Me asignaron la coordinación provincial de la juventud de su equipo. Visité las 15 demarcaciones, formé estructuras, motivé, organicé.

Pauté una gran reunión provincial con todos los equipos. Era un sábado, a las 2:00 de la tarde.

Pero lo inesperado sucedió una hora antes.

La llamada que nunca voy a olvidar

A la 1:00 p.m. recibí una llamada. Era uno de los asistentes de Hipólito Mejía:

“Gabriel, el presidente va para allá.”

No sabía si reír o entrar en pánico. Nunca había hablado directamente con él. Todo lo gestionaba a través de Evangelina. Pero ahí estaba la realidad: Hipólito vendría. Y venía por sorpresa.

Activamos llamadas, motivamos a los equipos, el local se llenó como nunca.

Y cuando Hipólito Mejía llegó, me senté junto a él en la mesa principal.

Mirando atrás… y entendiendo el poder de atreverse

Desde ese asiento, miré hacia el fondo del salón. Vi al joven que una vez se sentó allí, lleno de dudas, temores, y un sueño escondido en el pecho. Y me di cuenta de que sí era posible. No fue magia. Fue trabajo. Fue decisión. Fue persistencia.

A ti, joven que quieres participar en política…

Quizás hoy te sientes como yo me sentía: pequeño, inseguro, fuera de lugar. Pero déjame decirte algo claro: la política necesita más soñadores que se atrevan a actuar.

No necesitas tener todos los contactos, ni la experiencia perfecta. Necesitas pasión, compromiso y la voluntad de comenzar, aunque sea desde la última fila.

Porque sí, se puede.
Porque sí, hay un lugar para ti también en la mesa principal.
Solo hay que dar el primer paso

Gabriel Sosa junto a Hipolito Mejia
Actividad de juventud

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