República Dominicana y su salida del Mapa del Hambre: qué significa realmente el reconocimiento de la FAO

Cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) anunció que República Dominicana había salido del Mapa del Hambre, muchas personas reaccionaron con incredulidad.

Y es una reacción comprensible.

Basta recorrer cualquier comunidad del país para encontrar familias que todavía enfrentan dificultades económicas, hacen sacrificios para llevar alimentos a la mesa o deben limitar la calidad de lo que consumen. Entonces, la pregunta surge de manera natural: ¿cómo puede la FAO afirmar que el país salió del Mapa del Hambre?

Este artículo no busca emitir una opinión sobre esa conclusión ni sustituir el debate público. Su propósito es explicar qué significa realmente este reconocimiento y cómo funciona la metodología que utiliza la FAO para llegar a esa evaluación.

El problema no está en el dato, sino en cómo entendemos la palabra «hambre»

En el lenguaje cotidiano, cuando hablamos de hambre pensamos en una persona que no tiene qué comer o en una familia que pasa necesidades.

La FAO, en cambio, utiliza una definición técnica. Su principal indicador no mide casos individuales ni situaciones puntuales; mide la subalimentación crónica, es decir, el porcentaje de personas que, de manera permanente y durante largos períodos, consumen menos energía alimentaria de la necesaria para llevar una vida saludable.

Un ejemplo ayuda a entender la diferencia. Imaginemos a dos personas. La primera pasa un día completo sin comer porque perdió su empleo, pero al día siguiente logra alimentarse con normalidad. La segunda consume, durante meses o incluso años, menos alimentos de los que necesita su organismo para mantenerse saludable. La FAO centra su principal indicador en este segundo caso, porque busca medir la insuficiencia alimentaria sostenida en el tiempo y no situaciones aisladas o temporales.

Cuando ese indicador baja de un determinado nivel menos del 2.5 % de la población un país deja de formar parte del denominado Mapa del Hambre.

Por eso, salir de ese mapa no significa que desaparezcan la pobreza o las dificultades económicas. Significa que, según una metodología internacional aplicada de forma uniforme a todos los países, la subalimentación crónica se ha reducido por debajo del umbral establecido por la FAO.

¿Cómo llega la FAO a esa conclusión?

Algunas personas imaginan que la FAO visita cada hogar para contar quién tiene comida y quién no. En realidad, su metodología es mucho más amplia.

La organización analiza la producción nacional de alimentos, las importaciones, las exportaciones, la disponibilidad de productos, el consumo promedio, las encuestas de hogares y las necesidades nutricionales de la población.

Con toda esa información construye una estimación estadística sobre el acceso permanente a los alimentos.

Es parecido a cuando un médico evalúa la salud de un paciente. No emite un diagnóstico basándose en una sola medición de la presión arterial o en un único análisis de sangre. Observa distintos estudios, antecedentes e indicadores antes de llegar a una conclusión. De la misma manera, la FAO combina múltiples fuentes de información para evaluar la situación alimentaria de un país.

Es decir, evalúa el comportamiento general del país, no la situación particular de cada ciudadano.

Entonces, ¿todavía puede haber personas pasando dificultades?

La respuesta es sí.

Y aquí está la principal razón por la que tantas personas sienten que este reconocimiento no refleja la realidad.

La pobreza, la inseguridad alimentaria y la subalimentación no son exactamente lo mismo.

Una familia puede tener ingresos limitados y, aun así, consumir las calorías necesarias para no formar parte del indicador de subalimentación. También puede ocurrir que logre alimentarse todos los días, pero deba sustituir alimentos nutritivos por opciones más económicas.

Esas situaciones existen y representan desafíos reales, pero la FAO las analiza mediante otros indicadores.

Por eso, reconocer que República Dominicana salió del Mapa del Hambre no significa negar que todavía existan necesidades. Significa que el país ha mejorado en un indicador específico que mide una dimensión concreta del problema.

Un resultado que responde a múltiples factores

La seguridad alimentaria de un país no depende de una única decisión ni de una sola institución.

La propia metodología de la FAO toma en consideración elementos como la disponibilidad de alimentos, la capacidad de producción nacional, el comportamiento del consumo, las políticas públicas, las condiciones económicas y otros indicadores que, en conjunto, permiten evaluar la situación alimentaria de cada nación.

En ese contexto, la producción agropecuaria desempeña un papel fundamental. Un país difícilmente puede fortalecer su seguridad alimentaria si no produce suficientes alimentos para abastecer a su población y garantizar una oferta estable.

Durante los últimos años, el Ministerio de Agricultura, bajo la gestión del entonces ministro Limber Cruz, impulsó iniciativas dirigidas a fortalecer la producción nacional, apoyar a los productores, ampliar la asistencia técnica, facilitar el acceso a tecnologías e insumos y contribuir a mantener el abastecimiento de alimentos, incluso en un escenario marcado por la pandemia y las tensiones internacionales sobre los precios de los alimentos.

Estos esfuerzos formaron parte de una estrategia más amplia en la que también intervinieron otras instituciones del Estado, programas sociales, el sector agropecuario y miles de productores dominicanos que, con su trabajo diario, contribuyen a garantizar la disponibilidad de alimentos en el país.

La propia FAO no atribuye este tipo de resultados a una sola persona o institución, sino al desempeño general del país en los indicadores que evalúa. Sin embargo, resulta innegable que el fortalecimiento de la producción agrícola constituye uno de los pilares de la seguridad alimentaria y, en ese ámbito, las políticas impulsadas desde el Ministerio de Agricultura durante la gestión de Limber Cruz representaron un aporte importante dentro de ese esfuerzo colectivo.

Más que celebrar o rechazar, es momento de comprender

En tiempos donde las redes sociales convierten cualquier noticia en motivo de confrontación, muchas veces dejamos de lado el contexto.

Es válido que alguien conozca familias que aún enfrentan dificultades y, al mismo tiempo, es válido que la FAO reconozca un avance en materia de subalimentación.

Ambas cosas pueden ser ciertas.

Pensemos en un salón de clases con cien estudiantes. Si hace algunos años veinte reprobaban una materia y hoy solo dos la reprueban, nadie diría que el problema desapareció por completo, porque todavía existen estudiantes con dificultades. Pero tampoco sería correcto afirmar que no hubo un avance importante. Eso mismo ocurre con este indicador: salir del Mapa del Hambre no significa que el problema haya desaparecido totalmente, sino que se ha reducido por debajo del umbral establecido por la FAO.

Comprender la metodología de la FAO no obliga a nadie a compartir sus conclusiones, pero sí permite que el debate se base en información y no en interpretaciones erróneas. Cada ciudadano es libre de formarse su propio criterio; sin embargo, ese criterio será más sólido si parte de entender qué mide realmente este indicador y qué aspectos quedan fuera de su alcance.

Como ocurre en la agricultura, una buena cosecha no significa que todas las parcelas produzcan exactamente lo mismo. Siempre habrá diferencias entre unas y otras. Lo importante es que, en conjunto, la producción haya mejorado. De igual manera, los indicadores nacionales describen el comportamiento general de un país sin desconocer que todavía existen comunidades y familias que enfrentan desafíos.

Porque una sociedad mejor informada también está en mejores condiciones de debatir, exigir y construir soluciones. Y cuando se trata de temas tan importantes como la alimentación de un país, comprender los datos es el primer paso para interpretar correctamente la realidad.

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